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Literatura Náhuatl

INSTITUTO CARLOS GRACIDA

 

 

 

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Canto de Nezahualcóyotl  He llegado  Monólogo de Nezahualcóyotl
 
Canto de Nezahualcóyotl de Acolhuacan

(con que saludó a Moctezuma el viejo, 
cuando estaba éste enfermo) 
 
Miradme, he llegado. 
Soy blanca flor, soy faisán, 
Se yergue mi abanico de plumas finas, 
Soy Nezahualcóyotl. 
Las flores se esparcen, 
De allá vengo, de Acolhuacan. 
Escuchadme, elevaré mi canto, 
Vengo a alegrar a Moctezuma. 
¡Tatalilili, papapapa, achala, achala! 
 
¡Qué sea para bien! 
¡que sea en buen momento! 
Donde están erguidas las columnas de jade, 
Donde están ellas en fila, 
Aquí en México, 
Donde en las obscuras aguas 
Se yerguen los blancos sauces, 
Aquí te merecieron tus abuelos, 
Aquel Huitzilíhuitl, aquel Acamapichtli. 
¡Por ellos llora, oh Moctezuma! 
Por ellos tú guardas su estera y su solio. 
Él te ha visto con compasión, 
Él se ha apiadoado de ti, ¡oh Moctezuma! 
A tu cargo tienes la ciudad y el solio. 
 
 
Un coro responde: 
 
 
Por ello llora, ¡Oh Moctezuma! 
Estás contemplando el agua y el monte, la ciudad, 
Allí ya miras a tu enfermo, 
¡oh Nezahualcóyotl! 
Allí en las obscuras aguas, 
En medio del musgo acuático, 
Haces tu llegada a México. 
Aquí tú haces merecimiento, 
Allí ya miras a tu enfermo. 
Tú, Nezahualcóyotl. 
 
El águila grazna, 
El ocelote ruge, 
Aquí es México, 
Donde tú gobernabas Itzcóatl. 
Por él, tienes tú ahora estera y solio. 
Donde hay sauces blancos 
Sólo tú reinas. 
Donde hay blancas cañas, 
Donde se extiende el agua de jade, 
Aquí en México. 
 
Tú, con sauces preciosos, 
Verdes como jade, 
Engalanas la ciudad, 
 
La niebla sobre nosotros se extiende, 
¡que broten flores preciosas! 
¡que permanezcan en vuestras manos! 
Son vuestro canto, vuestra palabra. 
Haces vibrar tu abanico de plumas finas, 
lo contempla la garza 
lo contempla el quetzal. 
¡Son amigos los príncipes! 
 
La niebla sobre nosotros se extiende, 
¡que broten flores preciosas! 
¡que permanezcan en vuestras manos! 
Son vuestro canto, vuestra palabra. 
Flores luminosas abren sus corolas, 
donde se extiende el musgo acuático, 
aquí en México. 
Sin violencia permanece y prospera 
en medio de sus libros y pinturas, 
existe la ciudad de Tenochtitlan. 
Él la extiende y la hace florecer, 
él tiene aquí fijos sus ojos, 
los tiene fijos en medio del lago. 
 
Se han levantado columnas de jade, 
de en medio del lago se yerguen las columnas, 
es el Dios que sustenta la tierra 
y lleva sobre sí al Anáhuac 
sobre el agua celeste. 
Flores preciosas hay en vuestras manos, 
con verdes sauces habéis matizado a la ciudad, 
a todo aquello que las aguas rodean, 
y en la plenitud del día. 
Habéis hecho una pintura del agua celeste, 
la tierra del Anáhuac habéis matizado, 
¡oh vosotros señores! 
A ti, Nezahualcóyotl, 
a ti, Moctezuma, 
el dador de la vida os ha inventado, 
os ha forjado, 
nuestro padre, el Dios, 
en el interior mismo del agua.

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He llegado

He llegado aquí, 
soy Yoyontzin. 
Sólo busco las flores, 
sobre la tierra he venido a cortarlas. 
Aquí corto ya las flores preciosas, 
para mí corto aquellas de la amistad: 
son ellas tu ser, oh príncipe, 
yo soy Nezahualcóyotl, el señor Yoyontzin. 
 
Ya busco presuroso 
mi canto verdadero, 
y así también busco 
a ti, amigo nuestro. 
Existe la reunión: 
es ejemplo de amistad. 
 
Por poco tiempo me alegro, 
por breve lapso vive feliz 
mi corazón en la tierra. 
En tanto yo exista, yo, Yoyontzin, 
anhelo las flores, 
una a una las recojo, 
aquí donde vivimos. 
 
Con ansia yo quiero, anhelo, 
la amistad, la nobleza, 
la comunidad. 
Con cantos floridos yo vivo. 
 
Como si fuera de oro, 
como un collar fino, 
como ancho plumaje de quetzal, 
así aprecio 
tu canto verdadero: 
con él yo me alegro. 
 
¿Quién es el que baila aquí, 
en el lugar de la música, 
en la casa de la primavera? 
Soy yo, Yoyontzin, 
¡ojalá lo disfrute mi corazón!

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Monólogo de Nezahualcóyotl

Hay cantos floridos; que se diga 
yo bebo flores que embriagan, 
ya llegaron las flores que causan vértigo, 
ven y serás glorificado. 
 
Ya llegaron aquí las flores en ramillete: 
son flores de placer que se esparcen, 
llueven y se entrelazan diversas flores. 
 
Ya retumba el tambor: sea el baile: 
con bellas flores narcóticas se tiñe mi corazón. 
 
Yo soy cantor: flores para esparcirlas 
yo las voy tomando: gozad. 
 
Dentro de mi corazón se quiebra la flor del canto: 
ya estoy esparciendo flores. 
 
Con cantos alguna vez me he de amortajar, 
con flores mi corazón ha de ser entrelazado: 
¡Son los príncipes, los reyes! 
 
La fama de mis flores, el renombre de mis cantos, 
dejaré abandonados alguna vez: 
con flores mi corazón ha de ser entrelazado: 
¡Son los príncipes, los reyes!

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